Algo huele a podrido

Tras un largo paréntesis volvemos a esta tribuna. Muchos han sido los acontecimientos que se han sucedido durante nuestra ausencia. Desde el hundimiento del vaporcito -del que ya nadie se acuerda- al accidente del helicóptero, los portuenses hemos vivido de sobresalto en sobresalto. Lo último ha sido la salvaje huelga de los empleados de la limpieza pública. El sindicalismo de este país se ha acostumbrado a secuestrar al pueblo negándole determinados servicios básicos para la población. Sólo hay que recordar la huelga de los controladores aéreos, las huelgas generales, que por cierto, en la era Zapatero sólo ha habido una, o las huelgas en sectores estratégicos. La libertad por la que tanto se ha luchado en nuestra nación, no es predicada por unos dirigentes que obligan a secundar un paro mediante el acoso y el chantaje de los mal llamados piquetes informativos.

 Esta última semana hemos sufrido la huelga de los basureros. Razón no les falta a estos trabajadores si el motivo de fondo es la demora en el cobro de sus salarios. Pero es inadmisible que una pandilla de desalmados, gamberros y salvajes, se hayan dedicado a volcar contenedores, romper bolsas de basuras para desperdigar los restos orgánicos, y minar las calles del centro con papeles de periódicos de las ediciones gratuitas. Ahí es donde se empieza a perder la razón. Eso de que tu libertad termina donde comienza la del prójimo, no parecen entenderlo los señores de la escoba.

 En un país moderno esto no puede ocurrir. Pero no se nos escapa el drama que viven estas familias, y decimos bien “familias”, porque en tiempos de la burbuja económica que ha vivido España, a algunos gremios se les ha otorgado todo lo que han demandado. La contrata de las basuras de El Puerto está minada por la consanguinidad. Estos listos se han reservado el derecho de admisión durante años, permitido por políticos corruptos que prefirieron la paz social en contra de los principios de la igualdad de oportunidades, y la igualdad de derechos. Si no eres familiar, no trabajas en las basuras. Y todo ello orquestado por los sindicatos mayoritarios e históricos, que lejos de defender los derechos de los trabajadores, se han limitado a blindar a los suyos.

La crisis que nos acucia servirá para romper estos monopolios y cortijos familiares. Uno de cada tres ayuntamientos españoles tienen el futuro hipotecado. Ya no les queda patrimonio que malvender. Y por supuesto, no pueden pagar los ultravalorados servicios esenciales. Las cosas empiezan a cambiar y las políticas económicas tienden a la contención del gasto. Se acabó el café para todos y la tijera hará de las suyas. A la teta ya no le queda leche. Aunque algunos de tanto mamar sólo se han quedado con la “mala”, esa misma que han extendido estos días por las calles de nuestra ciudad. Que lástima que éstos hayan conseguido extender la podredumbre a todo un colectivo. ¡Qué mal huele todo esto!

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